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Como cuchillos

Hay verdaderos expertos en utilizar las palabras y sus dobles sentidos como auténticas armas ofensivas, gente con un especial talento para el sarcasmo, que hace del insulto un auténtico arte. Es muy conocida la respuesta del primer ministro británico Winston Churchill a una diputada que durante una cena le acusó de estar borracho. “Es probable, señora”, la respondió, “pero yo mañana me levantaré sobrio y usted, lamentablemente, se levantará igual”.



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