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Las caras del horror

La soldado Sabrina Harman, de 26 años, se enroló en el Ejército de EE UU para pagarse la universidad. Conocida entre sus compañeros por no soportar la violencia, fue destinada con su unidad a la prisión de Abu Ghraib, junto a Bagdad. Y ahí pasaba el rato fotografiándose con el pulgar en alto junto a cadáveres de iraquíes. El espanto de esas imágenes sobrecoge todavía hoy, cinco años después de que Bush, en la cubierta de un portaaviones, sentenciara: “Misión cumplida”. Nos acercamos a las historias que hay detrás de estas y otras fotografías que simbolizan como pocas la sinrazón de la guerra.

La soldado con rango de especialista Sabrina Harman, de la 372ª Compañía de la Policía Militar –una unidad de reservistas del Ejército de Estados Unidos, de Cresaptown, Maryland–, llegó a Abu Ghraib el 1 de octubre de 2003 y escribió una carta a su esposa:

Kelly:

Son las nueve de la noche y se escuchan disparos. No está permitido tener luces encendidas por la noche ni abandonar el edificio después de que oscurezca. ¡Espero que no estemos aquí por mucho tiempo! Cuando llegamos estaban aterrizando dos helicópteros con prisioneros.

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