Los buenos vecinos

Los llamados mediáticamente monstruos –pero no son deformes, sino malvados– pasan y vuelven y vuelven a pasar. Los buenos vecinos quedan. Pasan y vuelven esos canallas que, en la calma y –sobre todo– el silencio de su hogar, violan, asesinan, descuartizan, preparan zulos, construyen prisiones, se deshacen de cuerpos; o que sólo propinan palizas, sistemáticas, iracundas palizas: a sus mujeres, a sus novias, a sus ex mujeres, a sus ex novias, a sus amantes, a sus ex amantes; a sus hijos también, o delante de sus hijos; mudas palizas, pues cuando se ejerce el terror se requiere también el silencio de la víctima.



0 comentarios:

¿Qué te parece?