De la fatídica noche nupcial de Atila a la Europa democrática, la Historia ha demostrado que las uniones amorosas y los impulsos sexuales de caciques, monarcas y otras personalidades influyentes pueden cambiar nuestros destinos.El sexo, o su complemento, el amor, han influido poderosamente en la historia de la Humanidad. Sostienen los pensadores marxistas, y no seré yo quien les lleve la contraria, que en todo acontecimiento histórico subyacen siempre motivaciones económicas. Quizá convendría matizar que también las motivaciones sexuales son, a menudo, responsables de ciertos bandazos de la Historia, lo que viene a corroborar el famoso dicho de Juan Ruiz, el arcipreste de Hita: “Como dijo Aristóteles, cosa es verdadera//, que el hombre por dos cosas trabaja, la primera// por haber mantenencia, la otra cosa era// por haber juntamiento con fembra placentera.”







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